Costar algo Dios y ayuda.

Así como sucede con el rojo, con el sombrero negro más que generar pensamiento negativo lo vamos a limitar, pues se le dará su momento y no dejaremos, como en el caso de las emociones, que se desborde la negatividad sin ser conscientes de ello. Si tenemos una actitud hacia el sombrero negro, debemos basar toda nuestra experiencia pasada en la explicación objetiva de esta negatividad, por eso es negativo objetivo. Con el sombrero negro podemos decir “ No creo que la rebaja de precios vaya a funcionar porque por nuestras experiencias anteriores.........”. Es decir negativo objetivo, en donde se le da una real dimensión a la parte de crítica. Como dijimos ,es fácil ser negativo porque a una idea es fácil encontrarle lo que no funciona (esto puede ser una pequeña parte), ¿será tan fácil ser positivo? La fórmula implícita en toda religión y moral reza “¡Haz esto y aquello, no hagas esto ni aquello; así alcanzarás la felicidad! De lo contrario...” Toda moral, toda religión, es este imperativo, al que yo llamo gran pecado original de la razón, inmortal sinrazón. En boca mía, esa fórmula se convierte en su inversión, primer ejemplo de mi “transmutación de todos los valores”: el hombre armonioso, el “afortunado”, no puede meteos que cometer determinados actos e instintivamente rehúye otros; introduce el orden que fisiológicamente encarna en sus relaciones con los hombres y las cosas. He aquí la fórmula correspondiente: su virtud es el efecto de su felicidad... La vida larga y la prole numerosa no son el premio de la virtud, sino que la virtud es ese retardo del metabolismo que, entre otras cosas, determina también una vida larga y una prole numerosa, en una palabra, el cornarismo. La Iglesia y la moral dicen: “el vicio y el lujo arruinan a los linajes y a los pueblos”. Mi razón restaurada dice: “cuando un pueblo se arruina, cae en la degeneración fisiológica y se originan el vicio y el lujo (esto es, la necesidad de estímulos cada vez más fuertes y más frecuentes, como la conoce todo ser agotado). El joven se debilita prematuramente. Sus amigos afirman que la culpa la tiene tal enfermedad. Yo afirmo que el hecho de que ese joven haya enfermado, no haya resistido a la enfermedad, es la consecuencia de una vida empobrecida, de un agotamiento congénito. El lector de diarios dice que tal partido labra su propia ruina por tal error. Mi política superior, en cambio, dice que un partido que comete tal error está arruinado; que ha perdido la seguridad de sus instintos. Todo error, en todo sentido, es la consecuencia de degeneración de los instintos, de disgregación de la voluntad; lo malo queda así indefinido. Todo lo bueno es instinto y, por ende, fácil, necesario, libre. El esfuerzo es una objeción, el dios es típicamente distinto del héroe (dicho en mi propio lenguaje: los pies alados son el atributo primordial de la divinidad). Explicación sicológica de lo antedicho.-Reducir algo desconocido a algo conocido alivia, reconforta, satisface y proporciona una sensación de poder. Lo desconocido involucra peligro, inquietud y zozobra; aplícase el instinto primordialmente a eliminar estos estados penosos. Primer principio: cualquier explicación es preferible a ninguna explicación. Como en definitiva se trata tan sólo de un afán de librarse de representaciones penosas, se echa mano de cualquier medio que se ofrece con tal de quitárselas de encima, sin discriminar mayormente; cualquier representación mental en virtud de la cual lo desconocido se dé por conocido resulta tan reconfortante que se la “cree cierta”. Es la prueba del placer (“de la fuerza”) como criterio de la verdad. El impulso causal está, pues, determinado y excitado por el temor. El “¿por qué?” debe dar en lo posible no la causa por la causa misma, sino determinado tipo de causa: una causa que tranquilice, redima, alivie. El que algo ya conocido, experimentado, grabado en la memoria, sea establecido como causa es la primera consecuencia de esta necesidad íntimamente sentida. Lo nuevo, no experimentado, extraño, queda excluido como causa. De modo que se busca como causa no un tipo de explicaciones, sino un tipo escogido y preferido de explicaciones, aquel que con más rapidez y frecuencia haya eliminado la sensación de lo extraño, nuevo, jamás experimentado las explicaciones más corrientes. Como consecuencia de esto, un determinado tipo de motivación causal prevalece cada vez más, se reduce a sistema y llega al fin a dominar, con exclusión de otras causas y explicaciones. El banquero piensa en seguida en el “negocio”, el cristiano en el “pecado” y la muchacha en su amor. El hombre superior, séame permitido consignarlo, no es amigo de la “profesión”, porque tiene conciencia de su vocación... Él tiene tiempo, se toma todo el tiempo; no le interesa estar “listo”; a los treinta años se es, en el sentido de elevada cultura, un principiante, un niño. Nuestros colegios colmados y nuestros profesores de enseñanza secundaria abrumados de trabajo y entontecidos son un escándalo; para defender tales estados de cosas, como lo hicieron el otro día los profesores de Heidelberg, existen tal vez causas, pero no ciertamente razones. Para no desmentir mi modo de ser, que es afirmativo y que sólo en forma mediata, involuntaria, tiene que ver con la objeción y la crítica, consigno a renglón seguido las tres tareas para las cuales son menester educadores. Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar y hay que aprender a hablar y a escribir; todo esto con miras a adquirir una cultura aristocrática. Aprender a ver, habituar la vista a la calma, la paciencia, la espera serena; demorar el juicio, aprender a enfocar desde todos lados y abarcar el caso particular. He aquí el adiestramiento preliminar primordial para la espiritualidad; no reaccionar instantáneamente a los estímulos, sino llegar a dominar los instintos inhibitorios, aisladores. Aprender a ver, como yo lo entiendo, es casi lo que el lenguaje no filosófico llama la voluntad fuerte; lo esencial de ésta es precisamente no “querer”, ser capaz de suspender la decisión. Toda falta de espiritualidad, toda vulgaridad obedece a la incapacidad para resistir a los estímulos, que fuerza al individuo a reaccionar y seguir cualquier impulso. En muchos casos, esta incapacidad supone morbosidad, decadencia, síntoma de agotamiento; casi todo lo que la grosería poco filosófica designa con el nombre de “vicio”, se reduce a esa incapacidad fisiológica para no reaccionar. Una aplicación práctica de este aprendizaje de la vista es la siguiente: en todo aprender el individuo se vuelve lento, receloso y recalcitrante. Lo extraño, lo nuevo, de cualquier índole que sea, lo deja por lo pronto acercarse a él con una calma hostil, retirando la mano. El estar con todas las puertas abiertas, la postración servil ante cualquier pequeño hecho, el sentirse dispuesto en todo momento a meterse, precipitarse sobre el prójimo y lo ajeno; en una palabra, la famosa “objetividad” moderna es mal gusto, lo antiaristocrático por excelencia. Aprender a pensar: se ha perdido la noción de esto en nuestros establecimientos de enseñanza. Hasta en las Universidades, incluso entre los estudiosos propiamente dichos de la filosofía, la lógica empieza a extinguirse como teoría, como práctica, como oficio. Leyendo libros alemanes, ya no se descubre en ellos el más remoto recuerdo de que el pensamiento requiere una técnica, un plan didáctico, una voluntad de maestría; que hay que aprender a pensar como hay que aprender a bailar, concibiendo el pensamiento como danza... ¿Dónde está el alemán que conozca todavía por experiencia ese estremecimiento sutil que los pies ligeros en lo espiritual irradian a todos los músculos? La rígida torpeza del ademán espiritual, la manera desmañada de asir, son tan alemanas, que en el exterior suele considerárselas lo alemán. El alemán no tiene el sentido del matiz... El que los alemanes hayan siquiera aguantado a sus filósofos, sobre todo al eximio Kant, el lisiado más contrahecho que se ha dado jamás en el reino de los conceptos, dice demasiado de la gracia alemana. Sabido es que la danza, en todo sentido, está inseparablemente ligada a la educación aristocrática. Si hay que saber bailar con los pies, con los conceptos, con las palabras: ¿es necesario agregar que hay que saber bailar también con la pluma, que hay que aprender a escribir? Mas llegado este punto es posible que yo me convierta en un completo enigma para los lectores alemanes... Allí donde, de alguna forma, la voluntad de poder decae, hay también siempre un retroceso fisiológico, una décadense. La divinidad de la décadense, castrada de sus virtudes e instintos más viriles, se convierte necesariamente, a partir de ese momento, en Dios de los fisiológicamente retrasados, de los débiles. Ellos no se llaman a sí mismos los débiles, ellos se llaman “los buenos”... Se entiende, sin que sea necesario siquiera señalarlo, en que instantes de la historia resulta posible la ficción dualista de un Dios bueno y de un Dios malvado. Con el mismo instinto con que los sometidos rebajan a su Dios haciendo de él el “bien en sí”, borran completamente del Dios de sus vencedores las buenas cualidades; toman venganza de sus señores transformando en diablo al Dios de éstos. - El Dios bueno, lo mismo que el diablo: ambos engendros de la décadense. - ¿Cómo se puede hoy seguir haciendo tantas concesiones a la simpleza de los teólogos cristianos, hasta el punto de decretar con ellos que es un progreso el desarrollo ulterior del concepto de Dios, desarrollo que lo lleva desde “Dios de Israel”, desde Dios de un pueblo, al Dios cristiano, a la síntesis de todo bien? - Pero hasta Renan hace eso. ¡Como si Renan tuviera derecho a la simpleza! A los ojos salta, sin embargo lo contrario. Cuando del concepto de Dios quedan eliminados los presupuestos de la vida ascendente, todo lo fuerte, valiente, señorial, orgulloso, cuando Dios va rebajándose paso a paso a ser símbolo de un bastón para cansados, de un ancla de salvación para todos los que se están ahogando, cuando se convierte en Dios-de-las-pobres-gentes, en Dios-de-los-pecadores, en Dios-de-los-enfermos par excellence, y el predicado”salvador”, “redentor”, es lo que resta, por así decirlo, como predicado divino en cuanto tal: ¿de qué habla tal transformación?, ¿tal reducción de lo divino? - Ciertamente con esto “el reino de Dios” se ha vuelto más grande. En otro tiempo Dios tenía únicamente su pueblo, su pueblo “elegido”. Entre tanto, al igual que su pueblo mismo, él marchó al extranjero, se dio a peregrinar, desde entonces no ha permanecido ya quieto en ningún lugar: hasta que acabó teniendo su casa en todas partes, el gran cosmopolita, - hasta que logró tener de su parte “el gran número” y media tierra. Pero el Dios del “gran número” el demócrata entre los dioses, no se convirtió, a pesar de todo, en un orgulloso Dios de los paganos: ¡siguió siendo judío, siguió siendo el Dios de los rincones, el Dios de todas las esquinas y lugares oscuros, de todos los barrios insalubres del mundo entero!... Su reino del mundo es, tanto antes como después, un reino del submundo, un hospital, un reino-subterráneo, un reino-ghetto... Y el mismo tan pálido, tan débil, tan décadent... De él se enseñorearon hasta los más pálidos de los pálidos, los señores metafísicos, los albinos del concepto. Estos estuvieron tejiendo alrededor de él su telaraña todo el tiempo preciso, hasta que hipnotizado por sus movimientos, él mismo se convirtió en una araña, en un metaphysicus. A partir de ese momento él tejió a su vez la telaraña del mundo sacándola de sí mismo - sub specie Spinozae -, a partir de ese momento se transfiguró en algo cada vez más tenue y más pálido, se convirtió en un “ideal”, se convirtió en un “espíritu puro”, se convirtió en un absolutum, se convirtió en “cosa en sí”... Ruina de un Dios: Dios se convirtió en “cosa en sí”...

Estar como una regadera.

Una segunda parte de valor de la mercancía es la que representa el valor de la fuerza de trabajo que el obrero asalariado vende al capitalista. Este valor se determina, como el de los medios de producción, independientemente del proceso de producción en que ha de ser absorbida la fuerza de trabajo y se fija en un acto de circulación, la compra–venta de la fuerza de trabajo, antes de que ésta entre en el proceso de producción. Por su función –la explicación de su fuerza de trabajo–, el obrero asalariado produce un valor–mercancía igual al valor que el capitalista tiene que pagarle por el uso de su fuerza de trabajo. El obrero entrega al capitalista este valor en forma de mercancía y el capitalista se lo paga en dinero. El que esta parte del valor de la mercancía sólo represente para el capitalista un equivalente del capital variable que tiene que adelantar en salarlos no altera para nada el hecho de que representa un valor–mercancía nuevo creado durante el proceso de circulación y consiste exclusivamente en lo que consiste la plusvalía. a saber: en inversión ya efectuada de fuerza de trabajo. Y este hecho no resulta afectado tampoco para nada por la circunstancia de que el valor de la fuerza de trabajo que se paga al obrero en forma de salario revista para el obrero la forma de renta y de que, a través de ésta, se reproduzca constantemente no sólo la fuerza de trabajo, sino también la clase de obreros asalariados como tal, y con ella la base de toda la producción capitalista. Masajes Madrid Sí nos fijamos un poco de cerca en el capital disponible, que es en realidad un capital en suspenso, vemos que una parte considerable de él tiene que revestir siempre, necesariamente, la forma de capital–dinero. Sigamos con nuestro ejemplo: período de trabajo, 6 semanas; período de circulación, 3 semanas; inversión semanal, 100 libras esterlinas. Al llegar a la mitad del segundo período de trabajo, al final de la 9ª semana, refluyen 600 libras esterlinas, de las cuales sólo habrá que invertir, durante el resto del período de trabajo, 300. Por tanto, al final del segundo período de trabajo quedarán disponibles 300 libras. ¿En qué estado se encuentran estas 300 libras? Supongamos que 1/3 haya de invertirse en salarios y 2/3 en materias primas y materiales auxiliares. Esto quiere decir que de las 600 libras recuperadas 200 aparecerán bajo la forma de dinero destinado a salarios y 400 en forma de reserva productiva, de elementos del capital productivo circulante constante. Pero, como para la segunda parte del período de trabajo II basta con la mitad de esta reserva productiva, la otra mitad permanecerá durante tres semanas bajo la forma de reserva productiva remanente, es decir, sobrante de un período de trabajo. Sin embargo, el capitalista sabe que de esta parte (= 400 libras esterlinas) del capital recuperado sólo necesita, para el período de trabajo en curso, la mitad (= 200 libras). Dependerá, pues, de las condiciones existentes en el mercado el que vuelva a convertir estas 200 libras inmediatamente, en todo o en parte, en reserva productiva remanente o las retenga total o parcialmente como capital–dinero, en espera de que existan condiciones más favorables en el mercado. Por otra parte, se comprende de suyo que la parte de aquella suma invertida en salarios = 200 libras esterlinas, debe conservarse necesariamente en dinero. El capitalista no puede guardar en el almacén la fuerza de trabajo, como hace con las materias primas, después de comprarla. Tiene que incorporarla inmediatamente al proceso de producción, y la paga al final de cada semana. Por tanto, del capital de 300 libras que queda disponible, estas 100 libras tienen que revestir necesariamente la forma de capital–dinero disponible, es decir, de capital–dinero no necesario para el proceso de trabajo. El capital que queda disponible en forma de capital–dinero tiene que ser, consiguientemente igual, por lo menos, a la parte del capital variable, o sea, a la parte del capital invertida en salarios; a lo sumo, podrá abarcar todo el capital que queda disponible. En la práctica, oscila constantemente entre este máximum y aquel mínimum. Escorts Madrid presupone no sólo que el individuo que la efectúa dispone de valores bajo una forma útil cualquiera, sino, además, que dispone de ellos en forma de dinero, que es un poseedor de dinero. Pero la operación consiste precisamente en desprenderse del dinero, y quien la realiza sólo puede seguir siendo poseedor de dinero siempre y cuando que éste vuelva a refluir a sus manos implicite por el propio acto con que se desprende de él. Y, como el dinero sólo puede refluir a sus manos mediante la venta de mercancías, aquella operación supone en él la cualidad de productor de mercancías. http://www.girlsbcn.com.es Por consiguiente, la incorporación del capital adicional necesario para convertir el tiempo de circulación del capital I, en tiempo de producción no sólo aumenta la magnitud del capital desembolsado y la duración del tiempo con vistas al cual se desembolsa necesariamente el capital global, sino que además aumenta específicamente la parte del capital desembolsado que existe como reserva–dinero y que adopta, por tanto, la forma de capital–dinero y de capital–dinero potencial. Chicas de compañía en Barcelona
Me limito aquí a exponer la sicología de todo hacer responsable. Dondequiera que se busquen responsabi­lidades suele ser el instinto del querer castigar y juz­gar el que impera. Cuando se reduce el ser tal y como es, a voluntad, propósitos, actos de la responsabilidad, se despoja la posibilidad de su inocencia; la doctrina de la voluntad ha sido inventada esencialmente para los fines de castigo, esto es, para satisfacer el afán de declarar culpable. Toda la antigua sicología, la sicolo­gía volicional, reconoce como origen el hecho- de que sus autores, los sacerdotes al frente de antiguas co­munidades, querían procurarse a sí mismos o bien a Dios, el derecho de castigar. Se concebía a los hom­bres “libres”, para que se los pudiera juzgar y cas­tigar, para que pudieran ser culpables; en consecuen­cia, había que concebir cada acto como acto volitivo, el origen de cada acto como situado en la conciencia (con lo cual la tergiversación más fundamental in psy­chologicis quedaba convertida en el principio de la sicología...). Hoy día, cuando hemos entrado en el mo­vimiento opuesto; cuando en particular los inmora­listas nos aplicamos con todas las fuerzas a eliminar del mundo el concepto de la culpa y el del castigo, y depurar de ellos la sicología, la historia, la Naturaleza y las instituciones y sanciones sociales, consideramos como nuestros adversarios más radicales a los teólo­gos, los que por el concepto del “orden moral” si­guen arruinando la inocencia de la posibilidad, contaminándola con el “castigo” y la “culpa”. El cristia­nismo es la metafísica del verdugo... Acompañantes Madrid Las mutaciones de forma del capital para convertirse de mercancía en dinero y de dinero en mercancía constituyen, al mismo tiempo, operaciones comerciales del capitalista, actos de compra y venta. El tiempo en que se operan estas mutaciones de forma del capital es, subjetivamente, desde el punto de vista del capitalista, tiempo de venta y de compra, el tiempo durante el cual el capitalista actúa en el mercado como vendedor y comprador. Y, así como el período durante el cual el capital circula constituye una fase necesaria de su proceso de reproducción, el tiempo durante el cual el capitalista compra y vende, se mueve en el mercado, representa una fase necesaria de su proceso de actuación como capitalista, es decir, como capital personificado. Forma parte de su período de negocios. Saunas valencia La diferencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo admite, como hemos visto, diversos casos. El capital cir­culante puede entrar en el período de producción antes de haber entrado en el verdadero período de trabajo (casos del vino, del trigo para sembrar, etc.); otras veces, el tiempo de producción se ve inte­rrumpido transitoriamente por el tiempo de trabajo (casos de la labranza de las tierras, del cultivo de árboles para madera, etc.); otras veces, una gran parte del producto apto para circular queda incorporada al proceso activo de producción, mientras una parte mucho menor se incorpora a la circulación anual (cultivo de árboles para madera, ganadería); el plazo mayor o menor para el cual es necesario desembolsar de una vez el capital circulante en forma de capital productivo potencial, y por tanto la masa mayor o menor en que este capital tiene que desembolsarse, responde en parte al carácter del proceso de producción (agricultura) y depende en parte de la cercanía de los mercados, etc.; en una palabra, de factores encuadrados en la órbita de la circulación. Escort en Madrid Esto dispuso, en efecto, el decreto de los dioses, destinando a los hom­bres a perecer a fin de que hubiese un canto también para generacio­nes posteriores. Chicas de compañía en Lleida En todos los tiempos, los más sabios han coincidido en este juicio acerca de la vida: no vale nada. Una y otra vez se les ha oído el mismo acento: un acento de duda, de melancolía, de cansancio de la vida, de resistencia a ella. Hasta Sócrates dijo al morir: “La vida es una larga enfermedad; debo un gallo al sal­vador Asclepio”. Hasta Sócrates estaba harto de vivir. Escort Spagna En el ejemplo anterior partíamos de un supuesto en que el tiempo de trabajo = 2/3 , el tiempo de circulación = 1/3 del período de rotación, siendo el tiempo de trabajo, por tanto, un simple múltiplo del tiempo de circulación. Se trata ahora de saber sí la disponibilidad del capital que aquí se observaba se da también aunque no ocurra eso. putas barcelona
El capital fijo se halla formado en parte por elementos de la misma clase, pero que no duran todos lo mismo, sino que se renuevan fragmentariamente en distintos períodos. Por ejemplo, los rieles de las estaciones, que es necesario sustituir con más frecuencia que los del resto de la vía. Y otro tanto sucede con las traviesas, que según Lardner en la década del 50 eran sustituidas en los ferrocarriles belgas a razón del 8 por 100 al año, lo que quiere decir que en un término de 12 años 4 se renovaban en su totalidad. La proporción es aquí, por tanto, la siguiente: se desembolsa una cantidad, por un período de diez años, supongamos, invirtiéndola en una determinada clase de capital fijo. Esta inversión se hace por una vez. Pero una determinada parte de este capital fijo, cuyo valor se incorpora al valor del producto y se convierte con éste en dinero, se repone todos los años en especie, mientras que la otra parte persiste bajo su forma natural primitiva. La inversión por una vez y la reproducción simplemente fragmentaria y bajo forma natural es lo que distingue a este capital, como capital fijo, del capital circulante. escort alto standing en Barcelona De una parte, la compra y venta continuas de la fuerza de trabajo eternizan, por tanto, la fuerza de trabajo como elemento del capital, gracias al cual éste puede aparecer como creador de mercancías, de artículos de uso dotados de un valor, y además la parte de capital invertida en comprar fuerza de trabajo puede crear constantemente su propio producto y el propio obrero, por consiguiente, constituir continuamente el fondo de capital con cargo al cual se le paga. De otra parte, la venta continua de la fuerza de trabajo se convierte en la fuente constantemente renovada de sustento del obrero, lo que hace que su fuerza de trabajo aparezca como el patrimonio de donde aquél saca la renta de la que vive. Renta, aquí, significa simplemente la apropiación de valores obtenida por la venta constantemente repetida de una mercancía (de la fuerza de trabajo), valores cuya finalidad es exclusivamente la reproducción constante de la mercancía destinada a venderse. En este sentido, tiene razón A. Smith cuando dice que la parte de valor del producto creado por el propio obrero y que el capitalista le retribuye con su equivalente en forma de salario, se convierte en una fuente de renta para el obrero. Pero, esto no hace cambiar para nada la naturaleza ni la magnitud de esta parte de valor de la mercancía, como no hace cambiar tampoco el valor de los medios de producción el hecho de que actúen como valores de capital ni altera la naturaleza o la magnitud de una línea recta el hecho de que aparezca como base de un triángulo o como diámetro de una elipse. El valor de la fuerza de trabajo se determina de por sí, exactamente lo mismo que el de aquellos medios de producción. Esta parte de valor de la mercancía no se deriva de la renta como de un factor independiente que la constituya, ni se reduce tampoco a la renta. El que este valor nuevo constantemente reproducido por el obrero constituya una fuente de renta para éste no quiere decir que su renta sea, a la inversa, parte integrante del nuevo valor producido por él. Es la magnitud de la parte alícuota del nuevo valor creado por él, que se le paga, la que determina el volumen de valor de su renta, y no al revés. El hecho de que esta parte del nuevo valor constituya una renta para él sólo indica a qué se destina, el carácter de su aplicación, y nada tiene que ver con el modo como se forma, que es tan ajeno a aquel hecho como cualquier otra creación de valor. Si ingresó diez táleros a la semana, este ingreso semanal no altera para nada ni la naturaleza de valor de los diez táleros ni su magnitud de valor. El valor de la fuerza de trabajo, como el de toda mercancía, se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción: el hecho de que esta cantidad de trabajo dependa del valor de los medios de vida necesarios para el sustento del obrero, siendo, por tanto, igual al trabajo necesario para la reproducción de sus propias condiciones de vida, es característico de esta mercancía (de la fuerza de trabajo), pero no más característico que el hecho de que el valor del ganado de carga se determine por el valor de los medios de vida necesarios para su sustento y, consiguientemente, por la masa del trabajo humano necesario para producirlos. Delicas BCN

Quien no se consuela es porque no quiere.

Así, por ejemplo, si con los medios de transporte antiguos el algodón, el carbón, etc., tardan 3 semanas en llegar a su fuente de producción, o de sus depósitos hasta el centro de producción del capitalista X, es indudable que el mínimum de la reserva de producción de X hasta la llegada de nuevas reservas, deberá durar por lo menos 3 semanas. Mientras se hallen en camino, el algodón y el carbón no pueden ser útiles como medios de producción. Durante ese tiempo son, simplemente, objeto de trabajo de la industria del transporte y del capital invertido en ella, y para el productor de carbón y el vendedor de algodón capital–mercancías en estado de circulación. Supongamos que, al mejorarse los transportes, se reduzca la duración del viaje a 2 semanas. Esto permitirá reducir en la misma proporción, de 3 semanas a 2, la reserva de producción necesaria. De este modo, quedará disponible el capital adicional de 80 libras esterlinas desembolsado con este fin, y también el capital adicional de 20 libras para salarios, ya que el capital de 600 libras refluirá ahora una semana antes. Clubs de alterne en Madrid Aquí la vista es libre. Puede ser riqueza de alma si un filósofo calla; puede ser amor si se contradice a sí mismo; cabe una cortesía mentirosa del cognos­cente. No dejan de tener un sentido sutil estas pala­bras: el est indigne des grands coeurs de répandre le trouble, qu'ils ressentent; sólo cabe agregar que no temer ni a lo más indigno puede también ser grande­za del alma. La mujer que ama sacrifica su honor; el cognoscente que “ama” sacrifica acaso su huma­nidad; un dios que amó se hizo judío... dama de compañía el capital–dinero se invierte en una suma equivalente de mercancías, T y Mp. Estas mercancías no funcionan de nuevo como mercancías, como artículos de venta. Su valor existe ahora, en manos de su vendedor, del capitalista, como valor de su capital productivo, P. Y en la función de P, al consumirse productivamente, se convierten en una clase de mercancías materialmente distintas de los medios de producción, en hilo, en una mercancía en la que su valor no sólo se mantiene, sino que se acrecienta, pasando de 422 libras esterlinas a 500. Con esta metamorfosis real, las mercancías retiradas del mercado en la primera fase D–M son sustituidas por otras distintas de ellas en cuanto a la materia y en cuanto al valor y que ahora funcionan como mercancías, debiendo, por tanto, convertirse en dinero y ser vendidas. Aquí, el proceso de producción sólo aparece, por consiguiente, como una interrupción del proceso de circulación del valor–capital, que hasta ahora sólo ha recorrido la primera fase, D–M. No recorre la segunda y última fase, M–D, hasta que M se transforma en cuanto a la materia y en cuanto al valor. Pero, en lo que se refiere al valor–capital, considerado de por sí, sólo sufre, en el proceso de producción, una modificación de su forma de uso. En T y Mp existía bajo la forma de 422 libras esterlinas de valor; ahora, existe bajo la forma de 422 libras esterlinas de valor correspondientes a 8,440 libras de hilo. Si nos limitamos, pues, a examinar las dos fases del proceso de circulación del valor–capital considerado separadamente de su plusvalía, vemos que atraviesa 1) por D–M y 2) por M–D, en la que la segunda M reviste una forma útil distinta, pero representa el mismo valor que la primera; por tanto, D–M–D, es una forma de circulación que, por virtud del doble cambio de lugar de la mercancía en sentido opuesto, por virtud de la transformación del dinero en mercancía y de ésta en dinero, determina necesariamente el retorno del valor desembolsado como dinero a su forma–dinero: su reversión a dinero. compañia intima en madrid Tampoco me he creído autorizado para reducir a sus equivalencias neoalemanas las unidades inglesas de monedas, pesos y medidas que se emplean constantemente en el texto. Cuando se publicó la primera edición, había en Alemania tantas clases de pesos y medidas como días trae el año, y además dos clases de marcos (el Reichsmarh sólo tenia curso, por entonces, en la cabeza de Soetbeer, quien lo inventara allá por el año de 1840), dos clases de florines y tres clases por lo menos de táleros, una de las cuales tenía por unidad el "nuevo dos tercios". En las ciencias naturales imperaba el sistema métrico decimal pero en el mercado mundial prevalecía el sistema inglés de pesos y medidas. En aquellas condiciones, era natural, que una obra que se veía obligada a ir a buscar sus datos documentales casi exclusivamente a la realidad industrial de Inglaterra tomase por norma las unidades inglesas de medida. Esta razón sigue siendo decisiva hoy, tanto más cuanto que las condiciones a que nos referimos apenas si han experi­mentado alteración en el mercado mundial, pues en las industrias más importantes--las del hierro y el algodón--rigen todavía casi sin excepción las medidas y los pesos ingleses. www.escortmadrid.com.es Si prescindimos del carácter concreto de la actividad productiva y, por tanto, de la utilidad del trabajo, ¿qué queda en pie de él? Queda, simplemente, el ser un gasto de fuerza humana de trabajo. El trabajo del sastre y el del tejedor, aun representando actividades productivas cualitativamente distintas, tienen de común el ser un gasto productivo de cerebro humano, de músculo, de nervios, de brazo, etc.; por tanto, en este sentido, ambos son trabajo humano. No son más que dos formas distintas de aplicar la fuerza de trabajo del hombre. Claro está que, para poder aplicarse bajo tal o cual forma, es necesario que la fuerza humana de trabajo adquiera un grado mayor o menor de desarrollo. Pero, de suyo, el valor de 1a mercancía sólo representa trabajo humano, gasto de trabajo humano pura y simplemente. Ocurre con el trabajo humano, en este respecto, lo que en la sociedad burguesa ocurre con el hombre, que como tal hombre no es apenas nada, pues como se cotiza y representa un gran papel en esa sociedad es como general o como banquero.15 El trabajo humano es el empleo de esa simple fuerza de trabajo que todo hombre común y corriente, por término medio, posee en su organismo corpóreo, sin necesidad de una especial educación. El simple trabajo medio cambia, indudablemente, de carácter según los países y la cul­tura de cada época, pero existe siempre, dentro de una sociedad dada. El trabajo complejo no es mas que el trabajo simple potenciado o, mejor dicho, multiplicado: por donde una pequeña cantidad de trabajo complejo puede equivaler a una cantidad grande de trabajo simple. Y la experiencia demuestra que esta reducción de trabajo complejo a trabajo simple es un fenómeno que se da todos los días y a todas horas. Por muy complejo que sea el trabajo a que debe su existencia una mercancía, el valor la equipara enseguida al pro­ducto del trabajo simple, y como tal valor sólo representa, por tanto, una determinada cantidad de trabajo simple.16 Las diversas proporciones en que diversas clases de trabajo se reducen a la unidad de medida del trabajo simple se establecen a través de un proceso social que obra a espaldas de los productores, y esto les mueve a pensar que son el fruto de la costumbre. En lo sucesivo, para mayor sencillez, consideraremos siempre la fuerza de trabajo, cualquiera que ella sea, como expresión directa de la fuerza de trabajo simple, ahorrándonos así la molestia de reducirla a la unidad. girlsbcn Pero los bravos escoceses habrían de pagar todavía más cara aquella idolatría romántica de montañeses por los “caudillos” de los clanes. El olor del pescado les dio en la nariz a los señores. Estos, barrun­tando algo de provecho en aquellas playas, las arrendaron a las grandes pescaderías de Londres, y los escoceses fueron arrojados de sus casas por segunda vez.33 escort Madrid La magnitud de valor de una mercancía permanecería, por tanto, constante, invariable, si permaneciese también constante el tiempo de trabajo necesario para su producción. Pero éste cambia al cambiar la capacidad productiva del trabajo. La capacidad productiva del trabajo depende de una serie de factores, entre los cuales se cuentan el grado medio de destreza del obrero, el nivel de progreso de la ciencia y de sus aplicaciones, la organización social del proceso de producción, el volumen y la eficacia de los medios de producción y las condicio­nes naturales. Así, por ejemplo, la misma cantidad de trabajo que en años de buena cosecha arroja 8 bushels (8) de trigo, en años de mala cosecha sólo arroja 4. El rendimiento obtenido en la extracción de metales con la misma cantidad de trabajo variará según que se trate de yacimientos ricos o pobres, etc. Los diamantes son raros en la corteza de la tierra; por eso su extracción supone, por término medio, mucho tiempo de trabajo, y ésta es la razón de que representen, en dimensiones pequeñisimas, cantidades de trabajo enormes. Jacob duda que el oro se pague nunca por todo su valor. Lo mismo podría decirse, aunque con mayor razón aún, de los diamantes. Según los cálculos de Eschwege, en 1823 la extracción en total de las minas de diamantes de Brasil no alcanzaba, calculada a base de un periodo de ochenta años, el precio representado por el producto medio de las plantaciones brasileñas de azúcar y café durante año y medio, a pesar de suponer mucho más trabajo y, por tanto, mucho más valor. En minas más ricas, la misma cantidad de trabajo representa­ría más diamantes, con lo cual estos objetos bajarían de valor. Y sí el hombre llegase a conseguir transformar el carbón en diamante con poco trabajo, el valor de los diamantes descendería por debajo del de los ladrillos. Dicho en términos generales: cuanto mayor sea la capacidad productiva del trabajo, tanto más corto será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un articulo, tanto menor la cantidad de trabajo cristalizada en él y tanto más reducido su valor. Y por el contrario, cuanto menor sea la capacidad productiva del trabajo, tanto mayor será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un artículo y tanto más grande el valor de éste. Por tanto, la magnitud del valor de una mercancía cambia en razón directa a la cantidad y en razón inversa a la capacidad productiva del trabajo que en ella se invierte.

Impulsada por el mismo proceso que hace que el cambio de mer­cancías rompa sus moldes locales y que el valor de las mercancías se expansione hasta convertirse en materialización del trabajo humano en general, la forma dinero va a encarnar en mercancías dotadas por la naturaleza de cualidades especiales para desempeñar las funciones sociales de equivalente general: los metales preciosos. masajes valencia “Las ciudades tenían que recibir, año tras año, lo que se reputaba como un exceso de obreros en los distritos agrícolas”,133 y luego; todavía se extrañan “de que en las ciudades y en las aldeas haya exceso, y en el campo falta de brazos!”134 En realidad, esta escasez de brazos sólo se percibe “en las épocas en que las faenas del campo apremian, en la primavera y en otoño, mientras que durante el resto del año quedan muchisimos brazos ocíosos”;135 “después de la cosecha, desde octubre hasta la primavera, apenas hay trabajo para ellos”136 y, aun durante las épocas de trabajo, “pierden no pocas veces días enteros y se hallan expuestos a sufrir interrupciones de trabajo de todas clases”.137 saunas españa En su informe final, la "Children's Employment Comimission” propone que se sometan a la ley fabril más de 1.400,000 niños, jóvenes y mujeres la mitad aproximadamente de los cuales son explotados por la pequeña industria y el trabajo a domicilio.233 Si el parlamento –dice este informe– aceptase nuestra propuesta en toda su extensión, es indudable que esta reforma legislativa ejercería el más benéfico influjo, no sólo sobre los jóvenes y los seres débiles a quienes se destina en primer término, sino también sobre la gran masa de obreros adultos que caen, directa (mujeres) e indirectamente (hombres) dentro de su radio de acción. Esta reforma les obligaría a trabajar durante un cierto número regular y moderado de horas; administraría y acumularía las reservas de fuerza física, de que tanto depende su propio bienestar y el del país; protegería a la generación que se está formando de ese agotamiento prematuro que mina su salud y determina su muerte o su ruina física antes de tiempo, y, finalmente, permitiría a los obreros jóvenes, por lo menos hasta los 13 años, cursar la enseñanza elemental y pondría término de ese modo a la increíble ignorancia que con tanta fidelidad se describe en los informes de la Comisión y que no puede observarse sin una sensación muy penosa y un profundo sentimiento de humillación nacional.”234 El gabinete tory anuncio en el mensaje de la corona leído el 5 de febrero de 1867, que había recogido en unos cuantos “bills” las propuestas 235 de la Comisión de investigación industrial. Para llegar a esta conclusión, fueron necesarios veinte años de experimentos in corpore vili. (104) Ya en 1840, había sido nombrada una Comisión parlamentaria para realizar investigaciones acerca del trabajo infantil. Su informe, emitido en 1842, trazaba (según las palabras de N. W. Senior) la pintura más espantosa de codicia, egoísmo y crueldad de padres y capitalistas, de miseria, degradación y sacrificio de niños y jóvenes, que jamas vieran los ojos del mundo ... Podría pensarse que en el informe se describen las crueldades de una época remota. Desgraciadamente, hay datos que testimonian la persistencia de estas crueldades, con caracteres tan intensivos como nunca. Un folleto publicado hace unos dos año por Hardwicke declara que los abusos sancionados en 1842 se exhiben hoy (1863) en todo su esplendor... Este informe (de 1842), pasó inadvertido durante veinte años enteros, al cabo de los cuales se permitió que aquellos niños, criados sin la más remota idea de lo que llamamos moral, sin asomo de educación escolar, de religión ni de cariño familiar, se convirtieran en los padres de la actual generación.236 http://www.bcnbox.com En Lancashire, las fábricas sólo aumentaron, desde 1839 a 1850, en un 4 por 100; entre 1850 y 1856 en un 19 por 100, y entre 1856 y 1862 en un 33 por 100, mientras que en ambos períodos oncenales el censo de obreros aumentó en términos absolutos y disminuyó en términos relativos. Cfr. Reports of Insp. of Fact. for 31 st Oct. 1862, p. 63. En Lancashire predominan las fábricas de algodón. Qué margen proporcional ocupan éstas en la fabricación de hilo y tejidos en general, lo indica el hecho de que estas fábricas representen el 45,2 por 100 de todas las fábricas de hilados y tejidos de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, el 83,3 por 100 de todos los husos y el 81,4 por 100 de todos los telares a vapor que funcionan, el 72,6 por 100 de toda la potencia de caballos de vapor que las mueve y el 58,2 por 100 del censo total de obreros empleados en la rama de hilados y tejidos (1 c., pp. 62 y 63). grafsalas.com Dentro de una masa dada de plusvalía, una de estas dos partes será tanto mayor cuanto menor sea la otra. Suponiendo que todas las demás circunstancias permanezcan invariables, es la magnitud de la acumulación la que determina la proporción en que aquella masa se divide. Pero el que establece la división es el propietario de la plusvalía, el capitalista. Es, por tanto, obra de su voluntad. De la parte del tributo percibido por él que destina a la acumulación se dice que la ahorra, porque no la gasta, es decir, porque cumple de ese modo su misión de capitalista, que es enriquecerse. acompañantes en españa Cuando, a poco de morir el autor, en el año 1883, se comprendió claramente cuán necesaria era la edición inglesa de la obra, Mr. Sa­muel Moore, viejo amigo de Marx y del autor de estas líneas y per­sona seguramente más familiarizada que nadie con el libro, se mostró dispuesto a emprender la traducción, que los testamentarios de la obra literaria de Marx deseaban dar cuanto antes a la publicidad. Se acordó que yo me encargase de confrontar la traducción con el ori­ginal y de proponer todas aquellas modificaciones que juzgare opor­tunas. Pero a poco, se fue revelando, sin embargo, que sus ocupaciones profesionales impedían a Mr. S. Moore dar cima a la traducción con la premura por todos deseada, en vista de lo cual hubimos de aceptar con gusto el ofrecimiento del doctor Aveling, quien prometió hacerse cargo de una parte del trabajo; al mismo tiempo, la hija menor de Marx, casada con él, se ofreció a compulsar las citas y restablecer el texto original de los numerosos pasajes de diversos autores y Libros azules ingleses citados por Marx en alemán. Así se ha hecho con todos, salvo en unos cuantos casos en que ha resultado de todo punto imposible. night spain Aquella ficción económica confunde las leyes que regulan el movimiento general de los salarios o la relación entre la clase obrera, es decir, la fuerza de trabajo total, y el capital global de la sociedad, con las leyes que distribuyen la población entre las diferentes órbitas de producción. Sí, por ejemplo, al presentarse una coyuntura favorable, la acumulación se anima especialmente en una determinada esfera de producción, haciendo que las ganancias obtenidas en ella excedan del límite normal y atrayendo a ella nuevos capitales, crecerá, lógicamente, la demanda de trabajo y subirán los salarios. Los salarios altos empujan a un sector mayor de la población obrera a la órbita de producción favorecida, hasta que ésta se sature de fuerza de trabajo y los salarios, a la larga, vuelvan a su nivel normal primitivo o caigan incluso por debajo de él, como ocurrirá sí la afluencia de obreros es excesiva. A partir de este instante, no sólo cesará el movimiento inmigratorio de obreros en la rama industrial de que se trata, sino que se promoverá incluso un movimiento de emigración. El economista cree ver aquí "cómo y por qué" al subir los salarios, crece en términos absolutos el censo de obreros, y al crecer en términos absolutos el censo de obreros bajan los salarios, pero lo que él ve no son, en realidad, más que las oscilaciones locales del mercado de trabajo de una determinada órbita de producción, los fenómenos de distribución de la población obrera entre las distintas esferas de inversión del capital, a tono con sus necesidades variables. pisobcn.com 2. Educación. Los obreros mineros exigen una ley dec1arando obligatoria la enseñanza de los niños, como en las fábricas. Declaran que la cláusula de la ley de 1860, que exige la presentación de un certificado educativo para colocar a chicos de 10 a 12 años, es puramente ilusoria. Al llegar a este punto, la manera “capciosa” de preguntar de los jueces instructores capitalistas cobra un carácter verdaderamente cómico (número 115.) “¿Contra quién es más necesaria la ley, contra los patronos o contra los padres?–Contra ambos” (núm. 116). “¿No es más contra unos que contra otros? –No sé qué contestar a eso”(núm. 137). “¿Muestran los patronos algún deseo de ajustar las horas de trabajo a las horas de enseñanza? –Jamás” (número. 211 ).”¿Los obreros mineros progresan algo en. su educación después de colocarse? –Generalmente, retroceden: adquieren malos hábitos: se entregan a la bebida y al juego y a otros vicios semejantes. convirtiéndose en unos verdaderos náufragos” (número 109). “¿Por qué no envían a los chicos a escuelas nocturnas? –En la mayoría de los distritos carboneros, estas escuelas no existen. Pero, lo más importante es que salen tan agotados del exceso de trabajo, que se les cierran los ojos solos de cansancio.” “Entonces –concluye el burgués–, ¿ustedes son contrarios a la educación? –Nada de eso, pero, etc.” (núm. 443). “¿No están los patronos. mineros, etc., obligados, según la ley de 1860, a exigir un certificado escolar a todo muchacho de 10 a 12 años, para poder darle trabajo? –Según la ley, si, pero no lo hacen nunca” (núm. 444). “En opinión de usted, ¿este precepto legal no se ejecuta en términos generales? –No se ejecuta en lo más mínimo” (número 717). “¿Los obreros mineros se interesan mucho por el problema de la enseñanza? –La gran mayoría” (núm. 718). “¿Se sienten preocupados por la aplicación de la ley? –La gran mayoría”(núm. 720).”Entonces, ¿por qué no obligan a que se aplique? –Algunos obreros piden que se rechacen los muchachos que no presenten certificado escolar, pero quedan señalados” (“marqued”),(núm. 721). “¿Señalados, por quién? –Por el patrono” (núm. 722). “¿No creerá usted que los patronos vayan a perseguir a nadie por guardar obediencia a la ley? –Sí lo creo” (número 723). “Y ¿por qué los obreros no se niegan a dar trabajo a esos chicos? –No se deja a su elección” (núm. 1634). “Entonces, ¿ustedes exigen que intervenga el parlamento? “–Si quiere hacerse algo eficaz por la educación de los hijos de los mineros, tendrá que intervenir el parlamento y dictar una ley obligatoria” (núm. 1636). “¿Esto ha de hacerse para los hijos de todos los obreros de la Gran Bretaña, o solamente para los obreros de las minas? –Yo hablo aquí en nombre de los obreros de las minas” (núm. 1638). “¿Porqué distinguir a !os hijos de los mineros de los demás? –Porque son una excepción a la regla” (núm. 1639). “¿En qué sentido? –En el sentido físico” (núm. 1640). “¿Porqué la educación es más importante para ellos que para los muchachos de otras clases? ‑–Yo no digo que sea más importante; lo que digo es que el exceso de trabajo que tienen en la mina les hace más difícil educarse en es­cuelas diurnas y dominicales” (núm. 1644). “¿No es cierto que estos problemas no pueden tratarse de un modo absoluto?” (núm. 1646). “¿Existen en los distritos bastantes escuelas? –No” (núm. 1647). “Si el Estado exigiese que todos los muchachos fuesen enviados a la escuela, ¿de dónde se iban a sacar escuelas para todos? –Yo entiendo que las escuelas surgirán por si mismas conforme lo vayan exigiendo las circunstancias. La gran mayoría no sólo de los niños, sino incluso de los obreros adultos, no sabe leer ni escri­bir” (núms. 705, 726).